Rosas en la Isla de Andromeda (Afrodita x Albiore)

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Rosas en la Isla de Andromeda (Afrodita x Albiore)

Mensaje  spicadevirgo66 el Vie Jun 19, 2009 2:57 pm

ROSAS EN LA ISLA DE ANDROMEDA (Afrodita x Albiore)

Tragedia, deathfic.

CAPITULO 1

La situación en el Santuario había deteriorado enormemente debido a la muerte del Patriarca, Shion, antiguo caballero de Aries y venerable maestro del actual guardián del primer templo: Mu de Aries. Nadie sintió más su muerte que su querido alumno, el cual no pudiendo soportar el dolor que le causaba ver al malvado hombre que había tomado su lugar y de quien Mu secretamente pensaba que era el responsable por la muerte de su buen maestro, abandonó el recinto sagrado a pesar de la sentencia de muerte promulgada para todo aquel que osara hacer tal cosa.
El orden, la justicia y la paz que el viejo maestro habia logrado establecer en aquel lugar en nombre de la diosa Atena parecían haberse disipado de la noche a la mañana. La opinión de los caballeros de oro estaba dividida en cuanto a esta situación: la mayoría aceptaba que el nuevo líder se comportara de la manera en que lo hacía pues como representante de la divinidad a la que veneraban y habían jurado obedecer, creían que tal era su derecho. El caballero Aioros de Sagitario había pagado con su vida el no aceptar a este hombre, pues había sido ejecutado como traidor, dejando a su joven hermano, Aioria de Leo, completamente aislado y a merced de las burlas y la desconfianza de los demás.

Un tiempo antes de que la reencarnación de la diosa volviera a hacer su aparición y desafiar al supuesto líder del Santuario para reclamar la autoridad sobre sus caballeros, Arles, el nuevo Patriarca, sediento de poder, desarrolló un maquiavélico plan destinado a arrebatar el poder de una vez por todas a la diosa Atena y dominar el mundo mediante el terror y la fuerza. Para llevar a cabo tal plan le hacía falta la ayuda de los caballeros de oro, plata y bronce, pero aunque muchos habían renegado de la diosa, los había quienes también creían que la justicia verdadera algún día triunfaría. Entretanto numerosas guerras se desencadenaron en los cinco continentes, conflictos que no ocurrían simultáneamente pero que si manchaban el mundo con la sangre de miles de personas inocentes.

Entre los caballeros llamados al combate había uno de plata que vivía en una remota isla en la costa africana: un joven argentino, fornido, alto, de cabellos rubios y ojos azules como el cielo. Era un caballero muy poderoso, de quien su maestro había notado su gran potencial como entrenador de postulantes a caballeros pues su nivel de cosmos estaba muy por encima del de un caballero de plata normal. Era un hombre de carácter pacífico, noble de corazón pero increíblemente estricto con sus alumnos y que castigaba duramente la falta de disciplina y aplicación, no obstante, todos sus alumnos sin excepción sentían un gran aprecio por él, pues sabían que podían tener total confianza en él si les surgía algún problema. Este joven respondía al nombre de Albiore y era el poseedor de la armadura de Cefeo.

Su lugar de entrenamiento había sido un horrible lugar conocido como la Isla de Andrómeda, un islote desolado en medio del océano, rodeado de otras pequeñas islas a corta distancia que también él y sus alumnos usaban como lugar de vivienda y entrenamiento. A pesar de que apenas una milla marina como máximo separaba cada isla, debían tener cuidado y sólo podían cruzar a ciertas horas pues las corrientes eran muy traicioneras. Las temperaturas reinantes en aquel lugar eran extremas, de día el calor a según qué horas era verdaderamente insoportable con el termómetro siempre marcando por encima de 40 grados centígrados y por la noche descendía súbitamente a varios grados bajo cero. Además, en ese lugar crecía muy poca vegetación y la comida era escasa, excepto por lo que les llegaba cada semana en barco desde fuera.

Durante mucho tiempo, numerosos pupilos fueron entrenados por este noble caballero de plata entre los cuales se encontraba Shun de Andrómeda, uno de los caballeros que junto con la joven diosa se había atrevido a desafiar al Santuario y el cual era uno de los alumnos más queridos por Albiore. Shun era un caballero muy inusual en el sentido en el que detestaba la violencia y no le gustaba pelear, ni siquiera en las prácticas, Albiore le entrenaba duramente al igual que los otros pero se aseguró que June, la postulante a la armadura del Camaleón hiciese amistad con él.

Gracias al apoyo de su maestro y su amiga, Shun fue el chico que ganó por derecho propio el vestir la armadura de Andrómeda, pero inusualmente no mediante combate, sino realizando una terrible prueba llamada "el sacrificio de Andrómeda" en la que el joven postulante fue encadenado a unas rocas enmedio del mar.

La armadura únicamente sería suya si lograba liberarse de las cadenas que lo amarraban y ponerse a salvo antes de que las corrientes lo arrastraran o pereciera ahogado al subir la marea. El muchacho logró pasar con éxito la terrible prueba que era ni más ni menos que una especie de reenacto de una historia de la mitología griega. Se decía que las cadenas incorporadas a la armadura eran parte de las que habían sujetado a las rocas a la princesa de la leyenda. Otros dos caballeros tenían las porciones restantes: Spika de Cassiopea y Albiore de Cefeo, quizás porque ambas armaduras representaban a los padres de la princesa Andrómeda.

Ya desde hacía algun tiempo Albiore recelaba de las intenciones del nuevo Patriarca y se consideraba afortunado que su lugar de entrenamiento estuviera tan aislado pues sabía (de tanto en tanto llegaban noticias del mundo exterior) que varios caballeros de plata habían sido ya convocados para presentarse en la Isla del Santuario, mostrar fidelidad al usurpador y cumplir las órdenes de exterminar a aquellos que se rebelaran contra él.
El argentino ya había recibido varias misivas llamándolo a la lucha que hasta ahora había logrado ignorar, razonando que el líder de los caballeros tendría gente más que suficiente que cumpliera con sus órdenes y que no se fijaría en un simple caballero de plata como él. Sin embargo, el motivo principal era otro, Albiore habia jurado fidelidad a Atena y no podía creerse ni por un momento el que una diosa tan benevolente ordenara a su representante llevar a cabo tales masacres, sobretodo porque él había conocido a Shion en persona y el cambio de representante no podía haber sido más radical. Shion a pesar de ser un fiero guerrero en la batalla, era un hombre benevolente que siempre hacía todo lo posible por socorrer a aquellos que pedían su ayuda, no como su hermano menor....

Aunque había pensado en numerosas ocasiones ir al recinto sagrado y preguntarle directamente por qué dejaba que aquellas terribles calamidades ocurrieran se lo pensó mejor cuando se enteró de lo ocurrido a su buen amigo Cristal de la Aurora.
La prudencia era la única opción con la que se veía y aunque no podía enfrentarse con el líder abiertamente pues éste tenía además numerosos secuaces distribuidos por todo el planeta, decidió que por ahora adoptaría una posición neutral: no se opondría pero tampoco le ayudaría.

Entretanto en los aposentos patriarcales del Santuario de Atena, Arlés esperaba impacientemente la llegada de uno de sus caballeros de oro a quien iba a encomendar una importante pero muy delicada misión. Por ahora, sus planes habían marchado sobre ruedas, el mundo estaba sujeto a su dominio de terror y maldad, ayudado por varios de los caballeros de plata que tenían tan pocos escrúpulos como él. Su mensaje a aquellos que habían osado o que siquiera pensaban en rebelarse era muy claro: "estás conmigo o contra mí". Incluso aquellos que aún no se habían pronunciado públicamente serían considerados como traidores si no le apoyaban.
Uno de sus objetivos principales era el de lograr que las doce armaduras doradas volvieran al Santuario, de las que nueve estaban ya allí. Las tres que faltaban eran la de Sagitario, que había desaparecido cuando Aioros huyó del recinto y Shura, su verdugo, no logró hallarla; las otras dos pertenecían a Mu de Aries, el antiguo alumno de Shion que había abandonado el Santuario tras la muerte de su venerado maestro y se ocultaba en Jamir, su país natal; la restante, pertenecía a Dohko el caballero de Libra, el cual residía en la región de los Cinco Picos en Rozán, China, encargado por la diosa desde el final de la última guerra santa de 200 años atrás de guardar los sellos de Hades.
El caballero de Cáncer fue despachado a China, el de Virgo a Jamir y los caballeros de plata habían sido encargados con la tarea de recuperar la armadura del fallecido noveno guardián del Santuario.

Su otro objetivo era el de subyugar a TODOS los caballeros de Atena, sin excepción alguna, lo cual le estaba causando algunos quebraderos de cabeza pues cinco de los de bronce se habían rebelado abiertamente contra él. Algunos plateados, como Cristal de la Aurora, también lo intentaron con desastrosos resultados. Otros, habían permanecido en una posición neutral y también los había declarado traidores.
El último superviviente de estos caballeros neutrales era Albiore. El usurpador odiaba el hecho de que el joven argentino se negara a responder a sus misivas y siendo conocedor que este muchacho no era un caballero de plata ordinario, pues su cosmos, técnicas y habilidades podían equipararse a las de un caballero de oro, por lo tanto, no podía permitirse el lujo de enviar a cualquiera a despacharlo al otro mundo, debía ser un caballero dorado quien llevara a cabo tal tarea.

CAPITULO 2
Antes de que Milo llegara a su cita con el supuesto representante de la diosa Atena otro caballero de oro se le había adelantado. Afrodita había llegado con un pequeño fardito para Arlés: se trataba de un gran sobre que contenía las fotografías de unos islotes perdidos por el Océano Atlántico. Dichas imágenes habían sido tomadas desde el aire y ofrecían una enorme cantidad de detalle, mostrando todos los posibles escondrijos que allí habría, que en verdad no eran muchos.
-Mi señor, tal como pedisteis -Piscis sonrió maléficamente, jugando con una pequeña rosa roja en su mano, ante la atónita mirada del caballero de Escorpión que acababa de pasar por la puerta en aquellos momentos.

Arlés lo tomo ávidamente con la mano y sonrió bajo su máscara al ver lo que contenía aquel sobre. Albiore estaba atrapado en aquel inhóspito lugar y *completamente a mi merced* pensó el cruel líder.

-Buenas tardes, mi señor. -dijo Milo acercándose al Patriarca y arrodillándose ante él -buenas tardes a ti también, Afrodita.
-Buenas tardes, Milo... -dijo el sensual caballero del doceavo templo seductoramente.
-Afrodita de Piscis, tienes mi permiso para retirarte -espetó el Patriarca, el cual no quería que Milo tuviera distracción alguna mientras explicaba cual iba a ser su misión.

El ya mencionado guardián se retiró del recinto con una reverencia pues aunque no conocía los detalles exactos ya se imaginaba el por qué Milo se encontraba en la sala entrevistándose con el Patriarca. Todo estaba en conexión con las fotos que acababa de dar a Arlés y siendo conocedor de la reputación que Milo tenía como asesino, Piscis dedujo que si estaba en lo cierto, la misión del octavo guardián consistiría en eliminar al caballero que tiempo atrás había conseguido humillarle como nadie hasta entonces lo había hecho y del que había jurado vengarse en cuanto tuviera la oportunidad, o sea, el caballero de plata residente en la isla de Andrómeda: Albiore de Cefeo. Se marchó hacia su templo evocando una serie de recuerdos que quería pero que al mismo tiempo, quizás por algún morboso motivo, no deseaba olvidar...
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Re: Rosas en la Isla de Andromeda (Afrodita x Albiore)

Mensaje  spicadevirgo66 el Vie Jun 19, 2009 3:01 pm

Flashback.


Varios adolescentes se presentaron al Santuario a entrenar durante un tiempo y también se presentaron algunos a que los invistieran como caballeros de plata antes de decidirse donde sería su destino final. Entre ellos había dos mujeres cuyos rostros, tal como demandaba la tradicion, siempre aparecían cubiertos con una máscara cuando estaban en público. Eran una joven japonesa pelirroja llamada Marin, que había obtenido la armadura del Aguila, y la otra era una joven peliverde que había nacido en Italia, llamada Shaina, y cuya armadura era la de la Cobra.
Se decidió que ambas entrenarían junto con sus alumnos en el mismísimo Santuario.
Entre los hombres había dos jovenes hindús: Shiva del Pavo Real y Agora del Loto a quienes se les asignó al sexto guardián, Shaka de Virgo, como su maestro. Había también otro joven llamado Cristal de la Aurora, el cual fue entrenado en Siberia junto con Camus de Acuario y había salido un alumno tan aplicado que se le concedieron dos niños como pupilos: Izaak, un joven finlandés y Hyoga, un muchacho ruso. Por último, se encontraba Albiore de Cefeo, de quien su antiguo maestro creía que tenía potencial para convertirse en un caballero de oro. No obstante, ello fue imposible, puesto que la armadura de Tauro que era la que correspondía a su signo zodiacal ya tenía dueño, el caballero Aldebarán, con quien Albiore se hospedaba y trabó una amistad.

Ya de muy joven, Albiore era un joven muy carismático y de gran atractivo físico que no pasaba desapercibido a los otros caballeros del Santuario, pero al ser aún menor de edad todos los dorados mantenían las distancias en cuanto a una posible relación íntima con él, al igual que él hacia; no obstante, cada regla tiene su excepción y en este caso, se trataba del caballero de Piscis.
Afrodita se sintió inmediatamente atraído por la belleza tan varonil de aquel muchacho que contrastaba enormemente con la suya. Piscis era bellísimo aunque por su aspecto físico se le confundía a menudo con una muchacha.

El muchacho más joven no dio muestra alguna de interés en el doceavo guardián y siempre repelía sus avances lo más diplomáticamente posible; por otro lado, para Afrodita aquello sólo representaba un juego y honestamente creía que el chico únicamente se estaba haciendo de rogar. Finalmente, la situación se volvió insostenible para Albiore y se enfrentó directamente a Piscis en una ocasión en la que el mayor lo encontró solo en la casa de Tauro.

Afrodita se acercó al muchacho con una rosa roja inofensiva en la mano mientras que Albiore se estaba vistiendo en el cuarto que Aldebarán le había asignado. Tan sólo llevaba unos pantalones largos puestos y sus botas, su magnífico torso y torneados brazos al descubierto, de los que Afrodita no podía apartar la vista pues el chico le parecía sumamente atractivo.
No obstante, no quería asustarlo... demasiado... y primero empezó hablándole de cosas mundanas aunque su mirada delataba algo más que el rubio no pasó por alto. Sabía que las intenciones del caballero de Piscis no eran exactamente muy caballerosas pero al ser uno de los dorados tenía que andarse con cuidado, aunque sabía que su cosmos era mucho más poderoso que el normal en un caballero de plata y la caja de su armadura estaba a mano.

El guardián del doceavo templo sonrió maléficamente pues sabía lo que el chico estaba pensando y sentía el ligero temor oculto que emanaba de su aura, así que decidió después de unos minutos dejarse de jueguecitos y pasar a una acción más directa.
Antes de que Albiore tuviera tiempo a ponerse su armadura, Afrodita avanzó hacia él y lo tomó entre sus brazos, besándole con firmeza en los labios. No lo hacía crudamente, pero sí con la suficiente fuerza para que el muchacho no se pudiera escapar fácilmente.
El argentino al principio se sintió avasallado por aquel experto beso y se dejó hacer por unos instantes, incluso llegando a corresponder al mayor, pues éste comenzó a emanar un sutil perfume de rosas, no obstante, una vez que las caricias que le prodigaba Afrodita al mismo tiempo fueron subiendo de tono, Albiore sintió de repente que una voz interna le decía que debía parar inmediatamente sino quería perder el control de la situación.
Se apartó bruscamente de Afrodita, a quien aquel gesto repentino pilló por sorpresa e intentó insistir esta vez de forma más agresiva.

El chico logró repeler los avances del doceavo guardián, el cual juró vengarse algún día pues nadie nunca lo había rechazado así. De todas formas, tuvo que irse pues el segundo custodio estaba a punto de llegar, pero no sin antes advertir a Albiore que no dijera nada o lo pasaría muy mal. Aldebarán vio a Afrodita salir de su templo con una furiosa expresión que a duras penas podía contener y que el aura de Albiore estaba agitada a pesar de que el muchacho tenía una expresión serena en su rostro.
El segundo guardián lo miró extrañado pues presentía que algo serio había ocurrido, pero como el caballero de plata no soltaba prenda decidió dejarlo estar, no sin antes advertirle que no se cruzara por el camino del caballero de Piscis, pues éste solía ser muy vengativo.

Fin flashback


CAPITULO 3
El caballero de Escorpión miró aquellas fotografías con un deje de tristeza, viendo la foto del de plata no pudo evitar pensar en lo hermoso que era aquel hombre y que sería una lástima tener que acabar con él, pero al haberse rebelado contra el Patriarca se veía sin otra salida. El ver a Afrodita le dio un mayor vuelco al corazón, pues no entendía muy bien a qué se debía la presencia del doceavo guardián en lo que se suponía que debía haber sido una audiencia privada con el Patriarca.
Milo sospechaba que había algo más detrás del simplemente traer aquellas imágenes pues recordó haber oído rumores acerca de un incidente ocurrido en el Santuario un tiempo atrás. No obstante, no le dio demasiada importancia al asunto y se puso en camino dispuesto a cumplir con la misión que se le había encomendado. Tan concentrado estaba en aquellos pensamientos que no había notado que alguien lo seguía muy de cerca.

*Aaahhh... Escorpión, !no te preocupes!, no te voy a dejar desprotegido. El caballero con el que te enfrentarás es mucho más poderoso de lo que crees y me interesa que regreses con vida*

El ataque a la isla fue repentino, los muchachos que allí habitaban no tuvieron tiempo a defenderse de aquellos ataques a la velocidad de la luz, la mayoría murieron casi instantáneamente o resultaron gravemente heridos antes de que Albiore llegara al lugar donde aquel suceso estaba teniendo lugar.
El caballero de Cefeo se halló frente a frente con uno de los doce guardianes de élite del Santuario.

-¿Quién eres y a qué vienes aquí? -le preguntó más por mera formalidad y deseo de conocer la identidad de su oponente.
-Ja, ja, ja,.... ¿qué a que vengo aquí?. Bien puedes verlo, a eliminar a los traidores al Santuario de Atena (señalando a los muchachos caídos) Soy Milo, caballero de oro de Escorpión; saludos, Albiore de Cefeo.
-Y para enfrentarte a mí tenías que eliminar primero a los chicos, ¿verdad? -respondió indignado.
-Tú eres su maestro, lo que tú digas, ellos hacen.... por lo tanto...
-Ellos no eran responsables por mi decisión...
-!Ya basta! Eres un traidor y ya sabes la pena que espera a los traidores....

El combate comenzó entre ambos hombres. El caballero de Cefeo tuvo que usar su enorme fuerza de voluntad para suprimir la horrible furia interior que lo abatía al ver caídos a sus jóvenes pupilos y rogaba fervientemente que aquellos que siguieran vivos lograran escapar de aquel infernal lugar.
La lucha entre ambos era encarnizada porque había demasiado en juego por ambas partes como para permitirse el lujo de caer derrotados. Milo se encontraba algo frustrado pues la mayoría de sus ataques con las agujas escarlatas, a pesar de su increíble rapidez, no hacían mella en el otro caballero que los evitaba, a veces gracias a su agilidad, otras gracias al uso de las cadenas de las que su armadura venía provista.
Albiore tampoco lo tenía fácil, no en vano era Milo uno de los doce caballeros de la más alta categoría de la orden de Atena, sin embargo, Milo lo había subestimado pues su cosmos era muchísimo más poderoso que el de un caballero de plata. De hecho, si Aldebarán no hubiera sido el dueño de la armadura de Tauro, se habría estado enfrentando a otro caballero dorado, con las consecuencias que ello traería... un combate de mil dias y mil noches de duración, sin tregua... sin cuartel... que sólo terminaría con la muerte de uno de ellos... o la de ambos.

Mientras que seguían en este terrible tira y afloja, Milo comprendió que el caballero que se hallaba ante él era un hombre valiente y de gran habilidad, no tendría fácil el derrotarle y eso suponiendo que pudiera hacerlo.... así que incrementó el nivel de sus ataques, a lo que el caballero de plata correspondió de similar manera y aunque su armadura había sufrido más daño que la dorada, su cosmos era aún muy poderoso.
Unos instantes después de que Milo lanzara una más de sus agujas escarlatas, el caballero de Cefeo notó un pequeño rasguño en su brazo derecho, en un lugar desprotegido por la armadura que portaba. Algunas gotas de sangre brotaron y el rubio se sintió algo mareado debido a un aroma desconocido en la isla de Andrómeda; sintió por último un golpe de Milo que le llegó cuando éste, a pesar de que aún no había lanzado todas las catorce primeras agujas, ya se disponía a lanzarle la picadura de Antares, su tecnica más devastadora, pues quería que el combate terminara lo antes posible. El joven argentino cayó desplomado al suelo y su cosmos comenzó a apagarse rápidamente.
Milo dio por terminada su misión, viendo que el caballero de plata ya estaba a las puertas de la muerte sin que hubiera posibilidad alguna de recuperación. Se marchó de allí sabedor de haber cumplido su misión, pero sin comprender exactamente como había vencido a aquel caballero, cuando su golpe no le había dado de lleno; tuvo que concluir que quizás le había hecho un mayor daño de lo que pensaba anteriormente.
No se percató de la flor que yacía en el suelo cerca del cuerpo prácticamente inerte del rubio pues estaba cansado tras el arduo combate, aunque sí notó un ligero aroma a rosas que atribuyó a su cansancio y su deseo de ver de nuevo a Afrodita.

ULTIMO CAPITULO
Una vez que Milo se marchó, Afrodita, el cual había permanecido escondido hasta ahora con su cosmos también oculto, hizo acto de aparición junto al cuerpo inerte del joven caballero de plata.
Albiore aún seguía vivo, luchando con todas sus fuerzas por no caer vencido por el sueño acogedor al que le invitaba el dulce aroma de la rosa roja pero paulatinamente su cosmos se debilitaba porque el veneno había penetrado ya en su flujo sanguíneo y estaba surtiendo su devastador efecto. El caballero de Piscis se sentó a su lado.
-Volvemos a vernos, caballero de Cefeo.
-Tú fuiste....quien.........me...a...ata.......có....
-Así es, Milo lo estaba pasando mal y decidí echarle una mano -dijo mientras jugueteaba con una rosa roja entre sus dedos - no podía permitir que lo hirieras. ¿Sabes? Debes ser un caballero muy hábil para poder luchar como lo hiciste contra el Escorpión y habría sido un golpe devastador para los de nuestro rango el que hubieras conseguido derrotarle.
-E...eres........un....cobarde....
-(Indignado) ¿¿Cobarde??, no, no...mi querido Albiore, es justa retribución.
-¿A...qué?...¿a que....te...rechaz...ara....en.......el....San...Santua....rio?
-Así es, una ofensa que no pude tolerar. Vamos, relájate, nada puedes hacer contra el perfume de mis rosas. Déjate llevar por su dulce invitación...

Afrodita se recostó al lado del caballero entrelazando sus dedos con los de Albiore en un tierno gesto y acariciando su rostro. El argentino no podía hacer nada por oponérsele pues estaba tan sólo a unos momentos de expirar y recordó con ironía las palabras que había dicho en el Santuario cuando Afrodita intentó seducirlo *antes morir que hacer tal cosa contigo*
-Algún...día... pagarás cara...esta...cobardía.......
-Tal vez, o tal vez no, pero mientras...
El caballero dorado tomó su rostro y lo volvió hacia el suyo. Cerrando los ojos besó los labios de Albiore en un largo y tierno beso, que terminó unos segundos antes de que Albiore muriera.

-Es curioso, mi querido Albiore, -dijo al ya fallecido caballero- que cumplieras con tu palabra hasta el último momento y que prefirieras la muerte a una noche de pasión conmigo. Tal vez no debería sorprenderme puesto que tu reputación de hombre que cumple con sus promesas te precedía, y en efecto, la cumpliste. Por eso, mereces que haga honor a tu valentía.

El caballero de la doceava casa, limpió lo mejor que pudo el cuerpo del caballero caído, cubriéndolo de hermosas e inofensivas rosas rojas y blancas. Se veía bello, la muerte no pudo arrebatarle su hermosura.
!Qué terrible perdida le suponía el pensar que tan sólo pudo disfrutar por unos breves instantes de aquellos labios carnosos y sensuales!.
!Ironías del destino!.

Al igual que poco tiempo más tarde se encontró con que también fue una ironía del destino el que las últimas palabras del caballero de Cefeo se cumplieran.

FIN
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